...Y fueron felices y comieron perdices

Han sido solamente cinco volúmenes, pero Kan Shiba y Lati Moshi, los dos adolescentes tibetanos prometidos en un matrimonio concertado por sus familias, se han hecho un hueco en nuestro corazón. Sus tiernas vivencias y un elenco de secundarios entrañables harán perdurar en el recuerdo la sensación de paz que dejaron los momentos que compartimos con ellos en Blissful Land.

Llegó con algo de ruido por sus (relativas) similitudes con Bride Stories y se va de manera discreta, como sus protagonistas, pero habiendo tenido una pequeña legión de fans que los ha acompañado fielmente a lo largo de sus cerca de 850 páginas. Blissful Land es uno de esos mangas que, sin grandes alardes gráficos ni argumentales, sin necesidad de dar giros de guion sorprendentes ni tampoco de ser pretencioso en su historia, consigue aunar a crítica y público: es, ante todo, un manga “bonito”, de los que dejan una sonrisa con cada episodio. Publicado entre 2017 y 2018 por Ichimon Izumi en la revista Shônen Magazine de Kodansha, consta de 5 tomos, una extensión ideal para lo que se explica, permitiendo encariñarse con los personajes, conocerlos bien, ver cómo madura su relación y, finalmente, asistir a la boda más esperada a ese lado del Tíbet.

Tíbet, siglo XVIII. Kan Shiba, aprendiz de médico de 13 años, está dando el paso de la infancia a la adolescencia sin darse apenas cuenta, por lo que todavía está obsesionado con las plantas medicinales y no se fija en nada más. Pero, de golpe, entra en su vida Lati Moshi. Ella, su prometida, de su misma edad, es una chica tímida que adora pasar tiempo en familia y le apasiona teñir telas de vivos y fascinantes colores. La chiquilla pasa a vivir en casa de la familia de Kan Shiba hasta que vaya a tener lugar la boda. De esa manera, los dos muchachos pueden ir conociéndose mejor poco a poco. Ambos conectan enseguida, por lo que disfrutan de las pequeñas cosas del día a día y de las vivencias compartidas en un entorno casi idílico. La llama del amor, en este caso, se enciende y el matrimonio que han concertado sus respectivas familias se convierte en un completo acierto. De modo que solo falta, llegado el momento, celebrar la ceremonia de boda.

El punto fuerte de la obra, probablemente, es que Ichimon Izumi crea un puñado de personajes entrañables, envueltos además de una atmósfera de bondad y placidez que te adentra inmediatamente en su rutina: recoger hierbas, preparar medicinas, sacar a pastorear al rebaño de yaks, ayudar a viajeros, ir de compras, acudir a un festival... Y no son solamente los dos prometidos, también están los padres de Kan Shiba y Pema, su hermana pequeña, así como otros familiares, vecinos y habitantes de pueblos de la zona que acaban relacionándose con Kan Shiba de un modo u otro. ¡Ah, y no olvidemos a Senge, el leal perro que acompaña a todas partes al muchacho! Izumi dota a cada uno de ellos de luz propia, aunque su relevancia a menudo dure apenas unas decenas de páginas. El desarrollo de las relaciones, no solo la de los protagonistas, sino también las que mantienen con todos estos secundarios, enriquece el conjunto y hace que el desenlace se aprecie todavía más. Estamos ante una comedia romántica, con la particularidad de que la relación comienza en el mismo primer capítulo, y el humor empapa todos y cada uno de los relatos, incluso cuando se asoma cierta dosis de drama. Un manga divertido, entretenido, de amor iniciático y de paso a la adultez narrado con mucha calidez, y cuyo atractivo dibujo perfila muy bien los aspectos referentes a la cultura tibetana de la época: ropas, armas, decoración, construcciones, fauna, flora, paisajes... De hecho, cada tomo incluye páginas extra centradas en ella, donde se explican profusamente detalles a tener en cuenta sobre esos y otros aspectos del Tíbet, como sus costumbres, ritos y leyendas. Si todavía no has leído Blissful Land, estás a tiempo de conocer a la feliz pareja y acudir a su ansiado enlace. ¡Vivan los novios!