“Kizu -Heridas-”, Otsuichi vuelve a la carga

Entre los lanzamientos de septiembre, destaca este tomo único que adapta un relato original del célebre novelista Otsuichi, de nuevo con Hiro Kiyohara en los lápices, acerca de la amistad que se establece entre dos niños que cargan con un gran dolor en sus corazones.

Conocimos a Otsuichi hace ya muchos años. Entre 2006 y 2009, la desaparecida Ediciones Glénat lanzó tres de sus trabajos más representativos: el terrorífico Goth, donde dos jóvenes que juegan a investigar a posibles psicópatas se ven envueltos en un horroroso caso; el inquietante Missing Holiday, sobre el secuestro de una niña que resulta ser un asunto mucho más complejo; y Calling You, drama en el que la joven y tímida protagonista se comunica a través de un teléfono imaginario. Con estos tres tomos únicos, los dos últimos dibujados por Hiro Kiyohara, Otsuichi se ganó una más que merecida buena reputación en nuestro mercado.

Habría que esperar, no obstante, hasta 2016 para leer algo nuevo del escritor y guionista. Fue a través de nuestro catálogo, con el exitoso volumen Mi amigo capricornio, una dura historia sobre el acoso escolar y la culpa dibujada por Masaru Miyokawa. Narra cómo un chico, harto de sufrir humillaciones y violencia en el instituto por parte de un matón, acaba con su vida a golpes. Mientras vaga sin rumbo, se encuentra con un compañero que, sintiéndose culpable por haber mirado siempre a otro lado, decide esconderlo en su casa y posteriormente escapar con él. En esa huida, se sincerarán el uno con el otro y crearán un vínculo irrompible, pese a saber que la policía dará con ellos pronto.

Ahora, Otsuichi vuelve al mercado con otro volumen impactante. Kizu -Heridas-, con dibujo nuevamente de Hiro Kiyohara, es una historia dramática con tintes sobrenaturales que trata temas como el maltrato, la soledad, la falta de cariño, el dolor y la búsqueda de la felicidad. Los protagonistas son Keigo, un niño que se sobrepone al abandono de su madre y el rencor hacia un padre alcohólico que los maltrataba, y Asato, un crío que no se relaciona con nadie y ni siquiera habla tras haber vivido un hecho traumático. Un día, mientras están solos, Keigo se hace un aparatoso corte en el brazo. Entonces, Asato se acerca a él y, con solo tocarlo, traspasa la herida a su propio brazo. Ese poder misterioso supone el punto de partida de una amistad en la que los dos niños se dedicarán a investigar sobre su funcionamiento para así curar a cuanta más gente posible, mientras van liberándose de la carga y el dolor que arrastran por culpa de los adultos.

El estilo gráfico de Kiyohara encaja a la perfección con la atmósfera sobrecogedora que inunda los relatos de Otsuichi, motivo por el cual es un dibujante habitual en las adaptaciones de sus historias. En Kizu –Heridas-, ayuda a reflejar la pena que sienten los niños y la pesadumbre con la que viven, motivada por la acciones de los adultos que deberían haber velado por ellos. Aunque también da fuerza al lado positivo, cuando los niños son felices el uno con el otro y usan el don de Asato para sanar a la gente. Tratándose de Otsuichi, no hace falta decir que durante el desarrollo de la trama se irán desvelando los hechos clave que han llevado hasta ese punto a los protagonistas y también se producirán giros de guion sorprendentes. Una vez más, el escritor presenta una historia cruda pero que, pese a todo, arroja una luz de esperanza en el ser humano. Una vez más, el escrito presenta un tomo de lectura imprescindible.