No hay nada como el amor de una madre

En marzo comienza la publicación de Rastros de sangre, la actual obra de un viejo conocido de nuestro catálogo, Shûzô Oshimi. Se trata de un drama psicológico centrado en la enfermiza sobreprotección de una madre hacia su hijo cuando este entra en la pubertad y parece alejarse de ella.

En sus 20 años como dibujante profesional, Shûzô Oshimi se ha ganado una merecida reputación como maestro a la hora de recrear la psicología humana en el manga, sobre todo en lo tocante a su lado más oscuro, alineándose así con autores coetáneos como Inio Asano o Usamaru Furuya. Con ellos comparte, además, otro rasgo: un estilo gráfico limpio y realista, ideal para el tipo de historias complejas que narra. En Milky Way Ediciones lo sabemos bien, puesto que nuestra primera obra larga fue su Cibercafé a la deriva (versión actualizada del clásico de terror sobrenatural de Kazuo Umezz) y ya en 2018 también publicamos un tomo tan especial como Shino no es capaz de decir su propio nombre, en el que el autor expone su tartamudez a través de una estudiante de instituto que sufre el mismo trastorno comunicativo. Ahora ha llegado el turno de publicar su actual obra, Rastros de sangre (Chi no wadachi en el original), en la que el mangaka nos vuelve a dejar estupefactos.

Desde 2017, Rastros de sangre se publica quincenalmente en la revista Big Comic Superior de Shogakukan, y hasta la fecha suma 7 volúmenes recopilatorios. Cuenta la historia de Seiichi, un niño retraído que siempre ha tenido un gran apego hacia su madre, Seiko. Pero ya tiene 13 años y, aunque le cuesta relacionarse con los demás, suele recibir la visita de su primo Shigeru e incluso una chica, su compañera Fukiishi, que parece gustarle, le ha pedido ir a su casa algún día. Este cambio de actitud no hace gracia a su madre, quien siempre lo ha sobreprotegido en exceso, porque ve cómo poco a poco su niño comienza a ser más independiente e incluso rechaza sus carantoñas. Bajo su aspecto de ama de casa frágil que vela por su hijo, se esconde una mujer capaz de todo por mantener a Sei a su lado. Capaz. De. Todo.

Además de mostrar nuevamente un dibujo admirable, con mención especial a algunas impactantes ilustraciones a doble página, Oshimi ofrece en este manga un relato por momentos aterrador sobre los límites que está dispuesta a cruzar una madre para mantener inalterable el amor y la dependencia de su “pequeño”, siguiendo con firmeza la idea de que el fin justifica los medios. Basta leer el primer volumen para darse cuenta de que Seiko es uno de los personajes “reales” más inquietantes que hayamos conocido. Rastros de sangre se estrena como parte de las novedades de marzo, y tenemos claro que no va a dejar a nadie indiferente.